Declaración de Utrecht



DECLARACIÓN DE UTRECHT
SEPTIEMBRE 24 DE 1889


En el nombre de la SS. Trinidad

Johannes Heykamp, Arzobispo de Utrecht,
Casparus Johannes Rinkel, Obispo de Haarlem,
Cornelius Diependaal, Obispo de Deventer,
Joseph Hubert Reinkens. Oviso de la Iglesia Viejo Católica de Alemania,

Eduard Herzog, Obispo de la Iglesia Católica Cristiana de Suiza,




Congregados en la residencia del Arzobispado en Utrecht en el cuarto y vigésimo dia de Septiembre, 1889, después de la invocación del Espíritu Santo, se dirige la Declaración siguiente:

A la Iglesia Católica.

Congregándose para una conferencia en respuesta a una invitación del Arzobispo firmado de Utrecht, nosotros nos hemos resuelto de vez en cuando encontrarnos para las consultas en los asuntos de interés común, junto con nuestros ayudantes, concejales y teólogos, de aquí en adelante.

Nosotros juzgamos apropiado en esta nuestra primera reunión para resumir en una declaración común los principios eclesiásticos en que nosotros hemos ejercido hasta aquí y continuaremos ejerciendo nuestro ministerio episcopal  y que nosotros hemos tenido la ocasión repetidamente para declarar en las declaracione individuales:

  1. Nosotros adherimos el principio de la Iglesia antigua extendido por St. Vincent de Lérins en estos términos:  "Id teneamus, quod ubique, quid semper, quod ab omnibus creditum est; hoc est etenim vere proprieque catholicum". Por consiguiente nosotros cumplimos la fe de la Iglesia Antigua como está formulado en los símbolos ecuménicos y en las decisiones dogmáticas universalmente aceptadas de los Sínodos Ecuménicos sostenidos en la Iglesia no dividida del Primer milenio.
  2. Nosotros por consiguiente rechazamos como contraria a la fe de la Iglesia Antigua y destruyendo su constitución, los decretos Vaticanos, promulgados el 18 de Julio de 1870, acerca de la infalibilidad y el Episcopado universal o plenitud eclesiástica del poder del Papa romano.  Esto, sin embargo, no nos impide reconocer la primacía histórica, que varios concilios ecuménicos y los Padres de la Iglesia Antigua, con el consentimiento de la Iglesia entera han atribuido al Obispo de Roma reconociéndolo como el "Primus Inter Pares" (primero entre iguales)
  3. Nosotros también rechazamos el dogma de la Inmaculada Concepción promulgado por el Papa Pio IX en 1854 por no estar en las Santas Escrituras, ni en la tradición de los primeros siglos.
  4. En cuanto a otros decretos dogmáticos emitidos por los Obispos de Roma en los últimos siglos, las bulas "Unigenitus" y "Auctorem Fidei", el programa de estudios de 1864 etc, nosotros los rechazamos en todos sus puntos por estar en contradicción con la doctrina de la Iglesia Antigua, y no los reconocemos com ligados a esta.  Es más nosotros renovamos todas las protestas que la Iglesia Católica Antigua de Holanda ha hecho contra Roma en el pasado.
  5. Nosotros nos negamos en aceptar las decisiones del Concilio de Trento en las materias de disciplina y nosotros sólo aceptamos sus decisiones dogmáticas en la medida en que estas estén de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia Antigua.
  6. Considerando que la Santa Eucaristía siempre ha sido el verdadero punto focal de culto en la Iglesia Católica, nosotros consideramos nuestro deber declarar que mantenemos en toda la fidelidad y sin desviación la doctrina católica antigua acerca del Santo Sacramento del Altar, creyendo que nosotros recibimos el Cuerpo y la Sangre de nuestro Salvador el mismo Jesús bajo las especies de pan y de vino.  La celebración Eucarística en la Iglesia no es una repetición incesante ni una renovación del sacrifico expiatorio que Cristo ofreció por última vez en la cruz; el carácter del sacrificio de la Eucaristía, sin embargo, consiste en ser la conmemoración perpetua de ese sacrificio y una representación real, promulgándose en la tierra, de la única ofrenda de Cristo, según Hb. 9,11-12, continuamente hace en el cielo para la salvación de la humanidad redimida, apareciendo ahora para nosotros en la presencia de Dios  (Hb. 9,24) Esto es respecto al carácter de la Eucaristía el sacrificio de Cristo, que es al mismo tiempo una comida sacrificatoria, por medio de la cual el creyente, recibiendo el Cuerpo y Sangre del Señor, tengan comunión unos conotros (1Cor. 10, 17).
  7. Nosotros esperamos que los teólogos, mientras mantienen la fe de la Iglesia no dividida, tendrán éxitos en sus esfuerzos para establecer un acuerdo en las diferencias que han levantado las divisiones de la Iglesia subsecuentemente.  Nosotros insistimos a los Sacerdotes bajo nuestra jurisdicción en primer lugar enfatizar, predicando y por la instrucción religiosa, por ambas, las verdades cristianas esenciales profesadas en común por todas las confesiones divididas, cuidando evitar, en discuisiones aún existentes en las diferencias, cualquier violación de verdad o caridad, y, de palabra y hecho, siendo un ejemplo a los meimbros de nuestras parroquias de cómo actuar en cierto modo hacia las personas de diferente creencia de acuerdo con el Espíritu de Cristo Jesús, quien es el Salvador de todos nosotros.
  8. Nosotros creemos fielmente que estamos manteniendo la enseñanza de Cristo Jesús, mientras rechazando todos los errores que se han agregado a ella a través del pecado humano, así como rechazando todos los abusos en materias eclesiásticas y las tendencias jerárquicas, daremos lo mejor en neutralizar la incredulidad y la indiferencia religiosa que son el peor mal de nuestro dia.
Dado en Utrecht, el 24 de Septiembre, 1889.
Johannes Heykamp
Casparus Johannes Rinkel
Cornelis Diependaal
Joseph Hubert Reinkens
Eduard Herzog

En esta declaración se basa todo el pensamiento viejo católico