jueves, 28 de abril de 2011

EL ESPIRITU SANTO

El espíritu santo y el misterio de la trinidad
El  misterio de la trinidad en el cristianismo consta de tres partes que a su vez forman una divinidad, pero sobre esto hay diferentes versiones ya que se trata de un misterio, o mejor dicho de algo no explicado porque no deja claridad respecto a que se refiere. Si nos debemos a la literalidad de las palabras, Padre, Hijo y Espíritu Santo, la cosa no es muy difícil con el Padre y el Hijo, el Padre es el creador, cuyo máximo exponente como hijo en el cristianismo es Jesús, el Padre nuestro, Padre celestial, es en realidad el Dios de Adán y Eva, el dios creador del ser humano, Jesús es hijo del padre, al que se le aparece el Espíritu Santo, o posee el Espíritu Santo. La cuestión del Espíritu desde la antigua cultura Sumeria se refería a la esencia divina que impregnaba la vida y se transmitía a través de ella, al igual que se transmite la información con los genes, pero cuando tratamos de Espíritu Santo hay que pensar en una esencia superior, en las antiguas escrituras se hacen muchas referencias a diferentes aspectos del Espíritu Santo con diversos nombres, quizá con ello se quiera indicar las múltiples maneras en que Dios  manifiesta su poder y cualidades e impregna a los seres humanos, “Espíritu de Vida, “Espíritu de Sabiduría”, Espíritu de la Verdad”, etc…. Quizá para entender el llamado misterio de la trinidad con tres entidades que conforman una sola, sea mejor entender la trinidad como tres entidades diferenciadas por su naturaleza pero vinculadas entre si por un elemento común, y quizá por ello se entienda que Dios esta en todos nosotros. En lo que respecta al hijo, a Jesús y el resto de seres humanos no hacen falta comentarios, creados por Dios al cual llamamos Padre, un Padre que es muy severo con sus hijos en algunas ocasiones y en otras es muy generoso, hay épocas en que el Padre no ayuda en nada a los hijos e incluso causa la muerte de muchos seres humanos, como es el caso de las plagas Sobre Egipto y la muerte que cae sobre muchos Egipcios por orden del padre, así como la destrucción masiva de algunas ciudades por azufre y fuego como relatan los textos antiguos, no parece que sean acciones propias de un padre que quiere a sus hijos, mientras que en otros casos la intervención de Dios supone la ayuda y salvación de otros seres humanos, y aunque los israelitas se consideran el pueblo elegido no parece que siempre Dios les ayuda, encontramos un Dios de gran dualidad y conductas claramente antagónicas, ésta dualidad del Padre creador sólo es comprensible desde la contraposición de la divinidad y de la no conformidad con la creación de los seres humanos, destruir la vida creada por muy defectuosa que fuese no parece una conducta aceptable, pues el defecto es a los ojos de Dios, del Padre, si un hijo no sigue las normas del padre se busca la manera de corregirlo pero no se le destruye, y hay más de un relato en que el Padre creador es claramente un destructor, hay mucho sufrimiento detrás de la mano de Dios, es difícil encontrar momentos en que Dios se muestra compasivo con los seres humanos, la tragedia le precede y sólo en el nuevo testamento con la llegada del hijo, de Jesús se manifiesta la compasión y el amor, pero volviendo al Padre creador, tenemos relatos como los del Diluvio donde algunos como Noé son elegidos para salvarse, lo que deja claro que en esa dualidad del padre creador ante una catástrofe como la del Diluvio hay una ayuda mínima con el objetivo de la supervivencia de la humanidad. No hay duda que Díos como padre esta presente en nuestra historia con actos que dejan una huella trágica, desde luego no hay que pensar que toda la fatalidad y sufrimiento de la humanidad es voluntad de Dios, pero si se aprecian dos tratos diferentes, uno de ayuda y otro de castigo, siendo este último el que más destaca hasta el nacimiento de Jesús, donde se manifiesta a partir de entonces la otra cara de Dios, un hijo, Jesús que transmite las enseñanzas de amor y compasión de un Padre diferente, de un Dios que no se manifiesta directamente, sino a través de su hijo Jesús, pero volviendo al Dios padre del antiguo testamento, tenemos a Yahvé que señala a Josué como sucesor de Moisés porque en él también esta el espíritu, y Moisés le impone su mano para que Josué también goce del espíritu de Sabiduría, este es uno más de lo atributos que se transfieren a través del espíritu de Dios, pero eso no significa que sea un acción directa del Espíritu Santo, sino más bien la transmisión del espíritu de Dios y sus dones. Los judíos llamaban al espíritu Ruah como soplo que infunde vida, algo similar la esencia vital, según relata Isaías Dios derrama su espíritu sobre los hijos de su pueblo, o sea, el espíritu se derrama sobre los seres y de ahí el simbolismo del Espíritu Santo asociado al agua.  
En el mismo cristianismo se ha considerado al espíritu santo desde diversos puntos de vista, unos los han considerado como una entidad de naturaleza angélica, incluso a quien ha pensado que es un ser independiente de Dios, y no hay que olvidar que hasta el siglo XVIII se representaba mediante una figura humana, cosa que se prohibió representándose desde entonces bajo el símbolo de la Paloma y con ello de la paz. 
Se podría considerar el Espíritu Santo como un entidad espiritual superior cuyo poder no sólo se establece y manifiesta en los planos inmateriales, sino también en el plano material, bien a través de la acción directa, o a través de Dios o del resto de seres, el objetivo del Espíritu Santo sería la “santidad”, o sea, el desarrollo de la vida en su  correcta conciencia y por ello su intervención es sutil al actuar en el plano espiritual y en la esencia de los seres. Si el espíritu Santo está en Dios y en los seres creados por él, se puede decir padre, hijo y Espíritu Santo quizá no sean una misma cosa, o misma persona, sino que tendrían en esencia la misma naturaleza espiritual y participar de forma consciente o inconsciente de un objetivo común, que sin duda sería la continuidad y preservación de la vida y el desarrollo de la conciencia, lo que lleva implícito un orden y un sentido. En el nuevo testamento Jesús trata  con el padre y realiza muchos ruegos, sin embargo, la manifestación e intervención del Espíritu Santo es siempre muy sutil pero no por ello menos significativa, pues su presencia en ciertas ocasiones es signo de garantía de lo que es y debe ser.  Atendiendo a lo comentado anteriormente no hay que confundir el espíritu de Dios con el Espíritu Santo, ya que, éste actúa en un plano muy superior a Dios.  La manifestación del Espíritu Santo en los seres humanos se percibe a través de determinadas, cualidades, facultades o dones de naturaleza espiritual

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